Estoy en forma!
Quién no recuerda a sus profesores de instituto? Yo tenía así mayor, canoso y estaba fuertecito, tanto que sólo podía abrocharse un botón de la bata (y siempre creíamos que algún día saldría disparado, cosa que ocurrió un año antes en otra clase). Era nuestro profesor de Geografía, creo.
Cuando se le caía un boli, siempre llamaba a alguien para recogerlo, dado que no era capaz de agacharse a recogerlo.
Pero, hubo un día que el buen hombre se sentía ‘FLEX’; debió de hacer dieta (aunque no la dieta del cucurucho). Ese día, intencionadamente, mientras se paseaba por las mesas, dio un manotazo a los bolis de uno de mis amigos (ergo, tengo un amigo a cuál tiró sus bolis al suelo). Mi amigo fue a recogerlos y el profesor se negó; flexionó sus rodillas, y tras una dura batalla contra la gravedad fue capaz de coger los bolis y devolvérselos. Su cara estaba roja como un tomate, y el botón sufrió de lo lindo aunque, se mantuvo firme en la bata.
Y es que, no hay nada como sentirse FLEX para hacer grandes demostraciones!
La dura vida del monitor (VII)
CTL nos cuenta:
“El tacto con los niños es un requisito indispensable para ser un buen monitor, y Sr. Scout, aunque era un poco Brutacus Sapiens.
Un día, Sr. Scout se vio en una encrucijada; a una niña de unos 14 años se le cruzó un cable (cabeza) en medio de una actividad (talleres, hacer pulseritas y tal). Los monitores la sacaron fuera del recinto donde se realizaba la actividad y la niña no paraba de gritar, pegar a los monitores y llamar ‘PUTA’ y ‘CABRÓN’ a quienes la rodeaban. Incluso golpeó la chapa del coche. Mientras algunos monitores gritaban ‘Démosle Valium’, Sr. Scout cortó todo por lo sano.
Se acercó a la niña, le dijo, ‘eh, tú, cállate’, y la niña le respondió con un ‘pues te callas tú, Cabrón!’. Mientras la niña espetaba tan lindas palabras, Sr. Scout aprovechó su bajón de concentración para echársela sobre un hombro y llevársela al otro lado del campamento. La niña no paraba de gritar, patalear…Una vez se encontraba bien lejos y apartados de todo el mundo, con 400 metros solitarios de pradera de por medio, la soltó y la dejó berrear tranquila, hasta que se cansó de gritarle al viento. Una vez se calmó, habló con ella y la presentó de nuevo en sociedad al resto de monitores, para que decidieran su futuro dentro del campamento…”
Lectura para feriantes
Tengo un amigo que en las fiestas de su ciudad fue a las ferias. No es que le gustasen mucho, pero bueno, para ver que se cocía. Cuando pasaba por delante de las taquillas de una atracción se fijó en el feriante que vendía las entradas. Algo no encajaba en la lectura con la que estaba disfrutando. Quizás el hecho de que en vez de leer el horizontal, había girado 90º la revista. Vamos, que el hombre estaba disfrutando de las maravillas del poster central.
Lo más curioso de lo que se percató (un feriante viendo porno, ¡que original!) es que en realidad el hombre sostenía una revista dentro de otra, y la visible, con la que intentaba ocultar la otra, era el Interivú. Y no tenía pinta de ser de los que valoran la calidad de los artículos.
¿Que estaría leyendo ese hombre para ser escondido en el interior de una Interviú? ¿Zoofilia hoy? ¿Depravados calientes? ¿Panorama panadero?
El doctor Jekyll da clases de lengua
Tengo un amigo que tenía un profesor de lengua que era la versión española del hijo ficticio entre el Doctor Jekyll y Hulk (diox mio, espero que sea ficticio realmente). Era una persona tímida, retraída, gris,… pero que cuando se cabreaba se ponía de todos los colores que ofrece la paleta de la agresividad.
Lo sorprendente del caso es que sus estallidos violentos solían venir con retraso, no en el momento que cualquier persona los tendría. Así que resultaba aún más desconcertante ver como 10 segundos después de la gota que colmaba su vaso de la paciencia (con mucha capacidad, todo hay que decirlo) se levantaba de un brinco, agarraba su mesa, la tiraba contra la tarima y esgrimía su grito de furia favorito:
¡¡ME CAGO EN LA OSCURIDAAAAAAD!!
El proceso que seguía después de que nos soltara un breve bronca a gritos era siempre el mismo: nosotros nos quedábamos lívidos, y el se quedaba la mar de relajado.
Nuevas técnicas de venta
Tengo un amigo que siempre va a tomarse un café a media mañana al mismo bar con sus compañeros de trabajo. Una mañana entró una vendedora de la once, la mar de pizpireta y cantando:
- Veeeendo cupooones, veeeeendo cupones, por un eurico gaaanas millones. Compradme un decimiiiillo
Y así un rato estuvo cantando la mujer mientras ponían los demás la cara más seria posible, que no evidenciara que estában reteniendo la risa a duras penas.
En cuanto salió por la puerta un parroquiano del bar soltó:
- No sabía si comprarle un cupón, porque lo mismo se lo tenía que pedir cantando: daaame un cupón, daaaaaame un cupóoon
Las risas fueron generalizadas. Lo que nunca supieron fue el motivo de la alegría desbordante de la mujer: ¿le habría tocado algún décimo a ella? ¿o es que estaba haciendo la ronda por todos los bares del barrio y no sólo vendiendo?
Eso, nunca lo sabremos…
Emisario de TODAS las televisiones
Tengo un amigo que estaba un día tan tranquilo en su casa haciendo la digestión después de comer cuando, de repente, llamadon a su puerta:
— Buenas tardes, ¿qué desea?
— Hola, buenas. Verás, ¿sabes que se suelen hacer encuestas para la televisión para audiencia y demás? Pues vengo a hacer una encuesta para la televisión. Para TODAS.
Mi amigo, impactado por la contundencia del TODAS las televisiones, y pensando que su interlocutor era un cretino o no había usado la entonación correcta, siguió escuchando atónito:
— Sois 4 en tu casa, ¿no?
— Ehhh, si — respondió con suspicacia
— ¿Y tu eres padre o hijo?
— Estoo, hijo — ¿qué le importará a este hombre?
— Y tu madre tiene 55, ¿verdad?
— Pues por ahí anda — glups, ¿de donde ha sacado este maldito los datos?
Después de ver que el encuestador conocía bastante sobre su unidad familiar, y viendo que venía representando a TODAS las televisiones, pensó que una persona con tanto poder querría encomendarle una misión para la que quizás no estuviera preparado:
— Lo siento, pero en esta casa vemos poco la televisión
Cosa que era bastante cierta, bueno, menos por su madre, adicta hasta a los anuncios
— Ah, eso no importa
Esto ya terminó de desconcertar por completo a mi amigo, una encuesta sobre televisión en la que no importa que el encuestado vea televisión…
— Entonces, ¿tiene 55 años tu madre?
— No exactamente — tiene 59 años su madre, pero no le dio la gana de decirselo
— Ah. Entonces no me sirve. Adios.
Tal como vino se fue, a buscar a otra elegida para su gran misión. Al final mi amigo no sabía como sentirse, si aliviado de librarse del encuestador, o preocupado porque su madre ni sirviera para la misión encomendada de parte de TODAS las televisiones.
La dura vida del monitor (VI)
CTL nos cuenta:
“Hay veces en la vida en las que lo justo no es lo correcto, y viceversa. Sr. Scout se vió en un papelón un día cuando en una de las actividades, permitió cortar la actividad para hacer un pequeño descanso.
Al rato, un chico, ‘el pelele’ vino sangrando y llorando porque otro, ‘Tyson’ le había dado una buena paliza, pero era raro, porque Tyson era siempre un chaval muy tranquilo. Sr. Scout escuchó la versión del pelele y había cosas que no concordaban bien (éste mantenía que no había hecho nada para que le pegasen), así que habló con el agresor. Éste le dijo que el pelele le había insultado (madre, insultos personales,…) porque él hacía mejor la actividad que el otro y por ello ganaba más “premios” (pura envidia infantil). El problema es que el pelele se debió pasar tres pueblos, y Tyson debió enfadarse y le dió una auténtica tunda. Y tras eso, Tyson siguió escuchando en su radio el partido del Zaragoza…
Sr. Scout se vió en la obligación de castigarle, aunque el pelele merecía ser castigado por inútil, aunque mirándole la cara, creyó que ya había sido suficientemente castigado por Tyson…”
Pequeño delincuente
Tengo un amigo que ya en parbulitos era conocido como el terror del recreo.
La madre de este simpático chaval le preparaba algún tipo de tentempié (bocata) para que, ya en parbulitos, se criáse grandote y fuerte. Un día, el nene llegó a casa llorando diciendo que un niño más pequeñajo le había robado el bocata en el recreo.
La madre, tras una zurra en el culo, le dijo: “mañana te vuelvo a hacer otro bocata, y como te lo quiten, la zurra irá a la cara, y no te volveré a hacer otro bocata nunca más”. Esto, le impactó al tío.
Al día siguiente la operación se repitió, y el mismo chaval vino a por el bocata. Mi amigo, le dió un mamporrazo que lo dejó fino, y fue llorando a “la profe” para quejarse. Mi amigo fue castigado, y la profe llamó a su madre para contarle lo acontecido.
Al llegar la madre, la profe le explicó lo sucedido y la madre le contestó, gritando: “Y usted dónde estaba cuando ayer le robaron el bocata? Pues visto que usted no le va a ayudar, mi hijo se vale él sólo para imponerse. Prefiero que se imponga, a que le tomen por el pito del sereno, visto que usted no hace nada por remediarlo. Además, le amenacé con pegarle una buena zurra si le volvía a pasar”. La profe se quedó blanca…
La profe alegó que la violencia no es el medio de resolver las cosas, pero es cierto que desde aquel día, el landronzuelo no tuvo narices de robarle nunca más la hogaza de pan a mi amigo.
El Guardián
DZ nos cuenta:
“Tengo un amigo al que el resto llamamos El Guardián. Cuando éramos pequeños era muy puntilloso con todo, desde saber exactamente en qué vagón del metro había que ponerse para bajarnos directamente en la salida, hasta conocer las medidas exactas del din A4 y no confundirlo con folios, de forma que sus apuntes estuvieran perfectamente cuadrados y agradables a la vista. Incluso una vez nos discutió una broma sobre cuánta energía le haría falta a un enano del nivel 5 que viviera en el motor de un coche para arrancarlo.
Cuando nos dieron las notas aprobadas de COU, y antes de hacer la selectividad, decidimos celebrarlo yendo al parque de atracciones. Como es normal, y por el incipiente verano, todos fuimos en chándal o bermudas para poder mojarnos y mancharnos a gusto. El Guardián apareció con unos pantalones blancos inmaculados y un polo a estrenar.
Ni que decir tiene que se pasó todo el santo día quejándose de lo sucio que estaba el parque, con asientos en las atracciones llenos de polvo y montañas rusas de agua que le mojaban su polo nuevo, pero más o menos mantuvo su aspecto inmaculado casi todo el día.
Y digo “casi” porque al final pasó lo que tenía que pasar. A la caída de la tarde ya nos habíamos montado en todas las atracciones espectaculares y sólo quedaban las de toda la vida. Mientras hacíamos cola para subir al típico barco que se mueve en dos sentidos cada vez más rápido tipo columpio (eso es todo lo que hace) nos fijamos en que había unos niños de unos 8 años que también iban a subir con nosotros.
Una vez agitándonos como un péndulo, y con todos los asientos llenos, pude ver cómo a uno de los niños que estaba detrás nuestro le daba una arcada. Reconozco que me asusté, porque por una vez en mi vida tuve la visión de lo que iba a ocurrir en el futuro inminente. Mientras tanto, El Guardián a mi lado no paraba de quejarse de lo sosa que era esta atracción y, cómo no, de lo sucio que estaba todo.
El tiempo se paró en el momento de la expulsión del contenido del estómago del niño, que ocurrió en uno de los violentos cambios de sentido del barco, dejando un reguero de vomitona en el aire tipo matrix. Durante esos eternos instantes pude ver las caras de pánico de los pasajeros de la atracción, que se había convertido de repente en el barco del terror, al tener el semisólido sobre sus cabezas y no poder hacer nada por evitarlo. Más de uno vería pasar su vida ante sus ojos.
El Guardián se llevó la peor parte, manchando pelo, cara, polo, pantalones y zapatos a discrección. Yo me libré por poco, y no paré de reírme en lo que quedaba de atracción y casi de tarde, cuando el Guardián propuso tirarse al canal de la montaña rusa de agua para acabar de una vez por todas con su miserable existencia.
Hoy El Guardián es el orgulloso padre de dos preciosos niños. Cuando a uno de sus hijos le da una arcada, a El Guardián se le pinza una vértebra. No ha vuelto a ir al parque de atracciones.”
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