¡Taxiiii!

Un compañero de la universidad tenía (bueno, supongo que seguirá teniendo) unos amigos un tanto brutos. Jugadores de rugby de 1.90m de estatura imponen respeto, y sin van extremadamente cocidos más.

El caso es que estos “dulces angelitos” estaban repletos de alcohol (que ya es alcohol) y decidieron coger un taxi. ¿Como lo hicieron? A su estilo, por supuesto: se plantaron en medio de la carretera y dieron al alto a un taxi con voz turbia por el alcohol, se subieron tambaleantes y balbucieron la dirección de sus casas antes de echar un reparador sueñecito en el cómodo asiento trasero del vehículo.

¿Cual era entonces el problema? El problema es que el coche NO era un taxi. Es más, ni siquiera era blanco, era un coche rojo de un pobre hombre que venía de trabajar a esas horas y prefirió llevar a semejantes carnuces por si las moscas…

Moraleja: por la noche llevad siempre los seguros echados 😉

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