Estruendos en la terraza

Tenía un compañero de trabajo sobre el que se podría hacer un blog completo y no faltarían artículos. En honor a las novelas de H.P. Lovecraft voy a llamar a este individuo de ahora en adelante “hombre-pez”: tiene la piel grisácea, anda encorvado, apenas habla y cuando lo hace lo hace raro, mirarle a los ojos es como mirar a un pozo sin fondo y nunca estás seguro de si te ha comprendido lo que le has dicho. Vamos, que parece que haya nacido en Innsmouth.

El caso es que este sujeto un día y sin previo aviso decidió salir a almorzar a la terraza con el grupo que salía yo. Como somos gente amistosa, no le dijimos nada y amablemente dejamos que se nos uniera. Un rato después estábamos los 10 ó 12 que solíamos salir juntos hablando a la vez a buena voz. Tanta gente hablando a la vez suele producir bastante barullo. Pero de golpe, todos nos quedamos mudos al escuchar un sonido atronador: ¡¡la atronadora ventosidad que tiró hombre-pez!!

Todos los demás nos quedamos mirando entre nosotros como para leer en el estupor de los demás rostros que, si, efectivamente, había sucedido lo que creíamos. Hombre-pez ni se perturbó y siguió como si nada, casi extrañado por el repentino silencio. De hecho, siguió saliendo con nosotros a almorzar como si ese suceso o no hubiera sucedido, o fuera lo más normal del mundo.

Moraleja: Nunca te fíes de los discípulos de la orden de Dagón.

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