tranquilos, que no se ha roto nada

Tengo un amigo cuyo padre operaron recientemente. Por fin salió su padre del hospital y le fue a buscar para llevarlo a casa. Para ello tenía que mal aparcar en una zona con mucho tráfico al lado del hospital (para subirlo sin que andara mucho) en plena hora punta. El caso es que entre el cansancio del trabajo del día, y los nervios al mal aparcar, estaba un poco despistado.

Cuando salió ya con su padre “cargado” fue a tirar por donde siempre iba a buscar sitio para aparcar, en vez de ir directamente a casa, error que detectó unos 0.5 segundos demasiado tarde. El tiempo justo como para que al girar para meterse en la dirección adecuada subiera un poco el neumático por encima del bordillo.

Se oyó un fuerte ruido, pero como el coche parecía seguir entero, mi amigo no se inmutó y continuó después de pronunciar un “tranquilos, que no se ha roto nada”. Ya eso creía. 200 metros después el coche vibraba violentamente. Al detenerse pudo comprobar que había reventado la rueda que subió por el bordillo…

La escena siguiente fue el desalojo del coche, padre recién operado incluido, mientras este le gritaba a mi amigo como cambiar la rueda, ¡y se arrastraba por el suelo para mostrarle donde situar el gato! Lo que no sabe aún es como no se le saltó algún punto…

Moraleja: ojo a los bordillos, que las ruedas se revientan más fácilmente de lo que creemos. ¡Y aprende a usar el gato antes de necesitarlo de verdad!

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4 comments so far

  1. monitorjavi on

    Qué calamidad de tío! yo lo encerraría por peligro para la seguridad pública, vial, y todo lo demás!

  2. errepunto on

    Como se suele decir: “un mal día lo tiene cualquiera”. El problema es que siempre está el cabrón de Murphy y sus leyes para hacer leña del árbol caído.

  3. DZ on

    Lo más significativo de la historia es que los padres, con los años, cuanto más frágiles parecen, más resistentes se hacen a las misiones de campaña, tipo cambio de rueda, estructura de las tuberías de tu casa nueva, alojamiento de muebles a presión en tu cocina minúscula o advertencias tipo “ese cuadro se va a caer”, hecho que se confirma a los pocos días.

    Otro días hablamos de las madres y su puntería tirando zapatillas.


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