Top-less de emergencia

Tengo un amigo que trabajaba en una oficina en un polígono empresarial en medio del campo. Esto tiene sus ventajas, como trabajar en un ambiente con aire limpio, pero también tenía ciertas incomodidades, la mayor parte relacionadas con el peculiar sentido del humor que tiene la naturaleza.

Mi amigo trabajaba junto a una ventana que se elevaba desde más o menos la altura de sus cabeza, con una pequeña repisa. Lo que no sospechaba mi amigo es que un día un saltamontes lo iba a utilizar para practicar salto de trampolín.

Se nota que era un insecto tenía ya experiencia, porque justo atravesó limpiamente el cuello del polo que vestía mi amigo, aterrizando más o menos a mitad de su espalda. Un salto de 10.

Al notar su espalda invadida por fuerzas desconocidas, mi amigo empezó a revolverse intentando desalojar al “okupa”, pero al no conseguirlo y no saber que malvado ser infernal quería hacerse amigo de sus lumbares, tomó una solución extrema: se quitó el polo y lo tiró volando.

El “simpático” insecto surgió de entre los pliegues desconcertado y buscando un nuevo hogar, y mi amigo se quedo un tanto estupefacto mirando su ropa arrojada y al saltamontes huyendo torpemente. Aunque más estupefactos se quedaron sus compañeros de oficina al verle barriga al aire.

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