Merluzo de Piscina

Tengo un amigo que le ha cogido el gustillo a esto de ir a nadar después del trabajo. Y como le ha dado fuerte, va dos o tres veces a la semana. En una ocasión, al salir de la piscina e ir a los vestuarios para cambiarse, vió a un socorrista, cizalla en mano (pedazo de cizalla!), golpeando a muerte un candado enorme, ante los ojos atónitos del resto de espectadores, y un pobre zagal al cuál sólo le faltaba sollozar por la paliza que le estaban dando al candado. Había que ver cómo, el pobre socorrista, daba el máximo de sí ante semejante cacho de candado. Mi amigo me cuenta que lo consiguió, no sin dejarse la piel en el intento.
Muchos pensarán: pobrecico, se le ha caído la llave mientras nadaba…
Pues no. El muy merluzo había olvidado la llave dentro de la taquilla.
Muchos pensarán: Madre mía qué vergüenza debió pasar…
Pues no. Cuando el socorrista le ganó la batalla al padre de todos los candados, enseñó en alto con señal de victoria su llavero diciendo: Aquí están! Con la otra, enseñaba su DNI para demostrar que sí, era su taquilla, mientras decía: “Se me parece el del DNI eh?”. Si le adjuntamos su voz, su risa y la cara de merluzo, entendemos perfectamente la causa por la cuál el socorrista miraba impotente a su cizalla (yo le habría golpeado la cara con la misma fuerza con la que le había golpeado al padre de todos los candados).

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