Archive for the ‘Vida Nocturna’ Category

Azote merecido (Primera parte)

Hombre-Erasmus ha vuelto. Una vez hizo un viaje con unos amigos/as a cierta capital del porno. Una de las noches que salieron de fiesta fueron a una discoteca algo “chic”. Entre los personajes del grupo de amigos de Hombre-Erasmus había una chica bastante pija, “PeroTío”.
La noche no daba grandes frutos con el mercado internacional, así que llegado un momento dado, Hombre-Erasmus pensó que con el contentillo-borrachera que todos llevaban quizás hubiese que mirar en el mercado interno; y eligió a PeroTío. A Hombre-Erasmus le daban morbo las pijillas. Ella llevaba hablando un rato con un chaval español que acababa de conocer, pero había algo raro. Ambos iban-venían, hablaban…pero no se veía esa chispa que se necesita (porque la estrategia es buena, para dar aire al pez antes de pescarlo). Pero ahí, fallaba algo. Hombre-Erasmus aprovechó un momento de “descanso” de cháchara para ir a PeroTío y sondear el terreno. Esta, le contó todo. Hombre-Erasmus hizo filtro y escuchó lo que le interesaba: “No se deja entrar”. Así que Hombre-Erasmus, hombre de poca o ninguna sutileza, dijo:
“Mira, que si lo que quieres es chiscar es fácil, podríamos irnos al hotel que tengo las llaves de la habitación; guiño.”
En ese momento, PeroTío exclamó:
“Ay mira, ahí viene de nuevo, voy a ver si ahora lo consigo”.

ZAAAAAAAAS, en toda la boca. Nunca Hombre-Erasmus se sintió tan humillado. Esto sirvió para intentar olvidar pillándose una cogorza más grande todavía. Tras semejante ZAS, Hombre-Erasmus echó un mal de ojo a PeroTío, deseándole una noche terrible y esperpéntica.

Pero para conocer el resto, habrá que esperar a la Segunda Parte de la historia.

Eso… ¡no es una mujer!

Tengo un amigo que estuvo en el ejército en una ciudad del interior de España. Un día le tocó hacer guardia por la noche en el acceso al cuartel. Parecía una noche tranquila, pero no podía imaginarse la rocambolesca historia que le iba a suceder.

A altas horas de la noche, cuando por muchas cosas que tengas que hacer, el cerebro se pone en modo, “ahorro de energía”, vio que de lejos se le acercaba lo que parecía una extraña mujer. Era enorme, cerca de dos metros, una gran parte de los cuales los proporcionaba sus clamorosas plataformas. Sus ropas también eran exageradas y grotescas.

Cuando se le acercó pudo ver que era ¡un enorme travesti! Y digo enorme, porque mi amigo es un hombre recio de 1,80cm de estatura, y el travesti le impresionó y asustó por su tamaño.

Cuando llegó el hombre vestido de mujer le dijo:
– Hola, guapo, si vienes a ese callejón te hago lo que quieras.
– Eh.. Uh.. Lo siento, pero estoy de guardia, no puedo moverme, ni, bueno, ni tampoco quiero
– Venga tonto, si no tienes mucho dinero te hago algo rápido.

El pobre militar, desconcertado y empezando a asustarse de verdad, vio por el rabillo del ojo que llegaban sus compañeros de hacer la ronda. ¡Su salvación! Pero cuando fue a hacerles señales para que vinieran a echarle un cable, “la señorita con pene” entró en furia:
– ¡Si no quieres que te haga nada me lo dices y ya está, eh! A ver quien te has creído que no soy ninguna criminal para que tengas que llamar a tus amiguitos para que te ayuden a echarme. ¿Que pasa, que no eres bastante hombre o qué?

Mi amigo ya acojonado, y con el enorme travestido encima de él empujándole y aplastándole con sus desmesurados y depilados brazos, presa del pánico empezó a gritar ayuda y a echar mano a su pistolera, para intentar asustar y disuadir al cabreado bigardo con minifalda y plataformas, pero fue peor el remedio, porque se dio cuenta y ya empezó a atizarle:
– ¡Me vas a disparar, cabrón, me vas a disparar!

Por suerte ya llegaron los compañeros que redujeron a la “fierecilla”, que se marchó airado/a.

Desde ese día tuvo miedo de hacer las guardias nocturnas.

Los múltiples usos de una lavadora

Sr. H. nos cuenta:
“Tengo un amigo que vivía en un colegio mayor de mi ciudad. Una noche (un viernes) salimos con él e hicimos que se emborrachara a tope. Le acompañamos hasta el colegio mayor y se fue a dormir. Al día siguiente nos contó lo que le pasó…
Aparentemente, tras dormir, se levantó y se fue a hacer la colada. Todavía estaba resacoso y tenía el estómago revuelto. Al llegar a la sala de las lavadoras, dejó su canasto en el suelo. Abrió la puerta de la lavadora para ver si había ropa dentro y en ese mismo momento le dieron tales arcadas que…vomitó dentro de la lavadora!
Así que tuvo que usar la otra.
Luego se vió obligado a decir que él, que formaba parte del primer turno de lavadoras, al llegar vió que la lavadora estaba en ese estado…”

Esta señal es mía

Sr. H. nos cuenta:
“Tengo un amigo que saliendo con sus amigos se pilló una toña de espanto. Al volver a casa y como siempre era habitual, “jugaban” con las señales de tráfico, sobre todo las provisionales. Quién no lo ha hecho nunca, eh? En esta ocasión, la señal estaba bien plantada en el suelo y a mi amigo y sus acompañantes les era imposible arrancarla de su sitio. En un momento dado, mi amigo se quedó sólo en la lucha contra la señal de tráfico cuando, alguien por detrás, le llamó la atención. Exacto, la policía. Entre las preguntas más graciosas que le formularon, se encuentran las siguientes:
– Qué cree usted que está haciendo?
– Ha consumido alcohol?
En esos momentos, el walkie de esos policías avisaba de un accidente a causa de un joven que había perdido el control de su moto.
Los policías se fueron tras advertir a mi amigo.
Mi amigo finalmente no pudo llevarse la señal a su casa, muestra de su victoria frente a la temible policía.”

Ponte siempre el casco…o casi siempre

Sr. H. nos cuenta:
“Tengo un amigo que una vez saliendo de fiesta con sus amigos se pilló una buena güaza. Al volver tenía que coger su scooter para volver a casa dado que vivía bastante lejos (Niños, no conduzcáis si bebéis). Se puso el casco y dirigió rumbo hacia su destino. En un momento dado empezó a encontrarse mal, así que paró su scooter y descansó unos minutos. Se quitó el casco, reposó unos minutos, se puso el casco cuando comenzó a sentirse mejor y volvió a ponerse en marcha. Al llegar a su destino fue a aparcar la moto pero, antes de hacerlo, le dieron arcadas y vomitó…CON EL CASCO PUESTO! Imaginaros la escena…por la visera, por el pelo, por el cuello, por detrás…
No conozco a nadie que sea capaz de superar a mi amigo en cuanto a acontecimientos extraños de borrachos.”

Empalme universitario

Rafi nos cuenta:

Tengo un amigo que, en cuan irrisorio momento, tuvo el honor o la desgracia de aceptar mi invitación de inaugurar la temporada de lo que hoy conocemos como empalme universitario.

El empalme universitario (evitemos los eufemismos malpensados), es una de esas noches en las que te vas de fiesta y sin pasar por casa, y sin dormir un minuto, vas por la mañana a dar clase a la uni, con los consecuentes desagravios mentales que tan costosa tarea puede conllevar. El caso es que para inaugurar tan excelentísima y loable causa, decidimos, mi amigo y yo, armar la monumental esa noche, y visitar la fiesta universitaria de unos amigos que vivían en otra ciudad a unas 3 horicas de viaje.

La noche fue fantástica, insanamente placentera diría yo, además estábamos en el punto exacto de embriaguez, en el conocido como punto isoeléctrico, sí, sí, el punto ese, en el que estás lo suficiente borracho como para discutir con tu reflejo en el espejo, pero lo suficientemente sobrio como para ganar la discusión…

La noche fue muy buena, pero lo realmente memorable fue lo que le pasó a mi amigo por la mañana. Tras llegar a la uni con los 2 autobuses que tuvimos que coger y un par de cafés en el cuerpo, me despedí de mi amigo, en relativas buenas condiciones. Pero no sé qué es lo que le pasaría a semejante personaje (lo curioso es que él tampoco), que ese mismo día me dice que habiendo asistido a las prácticas de física, de aquella manera, y pensando más en lo mundos de yupi que en otra cosa, pero que asistiendo, que no sabe cómo pero que el profesor le dijó que no se dignase en volver, que le iba a suspender, mmm strange…

La moraleja es, entonces, que menos salir de parranda y más estudiar ?… que va, la moraleja es que ya que sales, te vas a tu casa a dormir, te fumas un par de clases, no la lías, y además todos contentos, no ?

Un auténtico conglomerado de sabiduría universitaria 🙂

El que no beba…!

Tengo un amigo que, como mucha gente, sale los fines de semana con sus amigos. En una de sus salidas nocturnas, con el ‘jiji-jaja’, cubatilla por aquí, chupito por allá, se empezó a poner ‘morao’ de beber, igual que sus amigos. En un momento dado, la historia se redujo a un grupo de 3. Decidieron ir a un bar, y se pidieron una caipirinha en un bol. A duras penas se la bebieron. Tras ello, el morao era supremo. A uno de ellos no se le ocurrió otra idea que pedir otra, mientras los otros dos imploraban que no lo hiciera. Para motivarles, el que la pidió dijo la frase que quedó siempre para la posteridad:

– El que deje de beber el primero, maricón!

Iban tan borrachos que empezaron a beber todos al unísono, mirándose entre ellos, y engullendo sin parar. Nadie levantó la cabeza hasta que se la bebieron de una tacada.

Al salir del bar iban tan doblados que se tuvieron que coger entre los 3 para poder volver a casa. Para mi amigo era su primera gran borrachera, esa que nunca se olvida. Lo mejor es que mi amigo vive en un barrio algo “conflictivo” y cuando volvía a casa (andando), una patrulla de policía pasó por al lado, le paró, le preguntaron que dónde iba, si era de la zona…todo un interrogatorio!

Tengo entendido que no lo enchironaron (me extraña, mi amigo iba cieguísimo y pudo haber dicho cualquier estupidez…).

Desde entonces, mi amigo no ha vuelto a probar una caipirinha.

Te diviertes?

Tengo un amigo (Hermano-Del-Metal) que es el típico “jebi” al que le aparecen guitarras imaginarias en los bares donde suena heavy o rock. Siempre vestido de negro, con sus “greñufos” y su litro de calimotxo o cerveza.

Un día, salimos por Zaragoza y cuando nos retirábamos ya para nuestras casas, pasamos por delante de un edificio en obras. Hermano-Del-Metal no tuvo mejor idea que empezar a hacer el mono, subirse por el andamio y empezar a tocar su guitarra imaginaria mientras canturreaba alguna canción metalera. En ese momento pasaron una pareja de policías (típicos en el centro de la ciudad, una noche de sábado), pero él no se percató. Los policías (los “malos” en el lenguaje jebi) le preguntaron:

Los malos: “Bueno qué, te diviertes?”

Hermano-Del-Metal: “No, bueno sí, un poco”.

Acto seguido bajó, y el resto empezamos a rompernos de risa. Cosa de 3-4 minutos después, Hermano-Del-Metal lanzó la pregunta al aire de: “Los que me han hablado eran los malos, no?”

Lagunas como océanos

Hombre-Erasmus es un hombre comprometido con la causa. Estando de Erasmus, viajó hasta su ciudad natal para, entre otras cosas, asistir al cumpleaños de uno de sus amigos. El plan era sencillo: Ir a casa del zagal, empezar ahí a beber junto con el resto de invitados, salir de fiesta, y pasarlo bien.

La noche empezó bien. Hombre-Erasmus decidió aportar una botella de tequila a la fiesta. La gente empezó a beber, y, gracias a unas “inteligentes apuestas”, Hombre-Erasmus y otros 3 valientes se pimplaron la botella de tequila en 15 minutos a base de chupitos.

Hombre-Erasmus salió ya calentito de la casa y cuando llegaron a la zona de marcha, Hombre-Erasmus se empezó a descolgar del grupo. Cuando todos entraron al primer bar, se dieron cuenta que faltaba él. Alguien salió a buscarle, y le vieron “flirteando” con 3 chicas en la puerta de un bar, y con el gorila diciéndole que se marchase. El amigocho se llevó a Hombre-Erasmus (que iba ya cieguísimo) al bar con los colegas, y cuando fueron a pedir la primera ronda, Hombre-Erasmus había vuelto a desaparecer. Otro amigocho salió a buscarle, y le vio entrar al bar del gorilón, acompañado por este, pero esta vez de buenas maneras. El amigocho creyó que la situación estaba controlada, pero Hombre-Erasmus no aparecía. Le llamaron, le enviaron sms, pero no dio signos de vida.

Entre tanto, Hombre-Erasmus comenzó a sentirse mal y se fue a casa sin avisar a nadie, más borracho que una cuba. El tío llegó a su casa y no supo abrir la puerta del hall. Resulta que la cerradura era “nueva” (la habían cambiado mientras estaba de Erasmus…). Con un par de manotazos tocó a los timbres de su casa y alguien le respondió, pero iba tan ciego que sólo pudo decir “Abridme”. Nadie lo hizo. Encima ni se “acordaba” de su piso, y no tuvo otra genialidad que clavarse otro pateo hasta la casa de sus abuelos.

Nadie sabe cómo logró llegar hasta allí, abrir la puerta, subir las escaleras y meterse a sobar, pero él nos relató que tiene lagunas como océanos, que sólo recuerda ciertas imágenes, y que cuando despertó, se vió en casa de sus abuelos, en calzones, y que no le faltaba nada.

Falsos superpoderes

Tengo un amigo que comprobó en sus carnes que la alta ingesta de alcohol otorga una fuerza sobre humana SOLO EN APARIENCIA.

El caso es que estábamos volviendo de un curso de 3 días que fuimos a hacer a Salamanca. Os podéis imaginar como fue: sobrevivir a las charlas por el día y juerga por la noche. El último día el cansancio se hacía notar, e íbamos caminando a la estación de trenes a las 7 de la mañana, por supuesto sin dormir y recién salidos el último bar. Íbamos casi arrastrados por el cansancio, y el peso del equipaje se hacía una carga casi insoportable, pero para mi amigo eso no eran más que tonterías, y quiso demostrar, en su estado etílico, que podía cargar con el equipaje de los cinco.

El tipo es fuerte y aparentemente podía con todo, pero cometió un grave error  se puso una bolsa bandolera a cada lado, por lo que las tiras de las bolsas le oprimían por los lados del cuello. Si alguno de vosotros ha hecho alguna vez Judo o Jiu-Jitsu sabrá que así es como se hacen las estrangulaciones sanguíneas, o lo que es lo mismo, la sangre no fluye hacia el cerebro. Gracias puede dar mi amigo de que yo no estuviera tan acabado como los demás. Cuando me di cuenta de que empezaba a desmayarse fui corriendo a quitarle las bolsas de encima.

Moraleja: Recordad niños, el alcohol a mansalva no te hace invulnerable.