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Anodino Man 2 – El retorno

DZ nos cuenta:

“Como todo el mundo recordará, tengo un amigo llamado Anodino Man cuyo superpoder es que todo le resbala.

Hace unas semanas, aprovechó que había un puente para irse a Londres. En la oficina todos le dimos la enhorabuena cuando lo comunicó (demasiado efusivamente, creo) y le preguntamos con quién iba y si iba a ver a alguien. Iba solo. No conocía a nadie que viviera allí.

Sin querer entrar en detalles para averiguar qué iba a hacer, le pedimos que nos trajera algo de Londres, una chorradilla como un imán o un plano del metro. No iba a traer nada a nadie, de hecho su hermana se había enfadado con él porque le había pedido ropa y él se había negado. Demasiado peso en la bolsa, los vuelos baratos sólo le permiten equipaje de mano.

Como última esperanza, le dijimos que hiciera fotos chulas del puente de Londres, del Big Ben o del cambio de guardia, para ponerlas de fondo de escritorio. No llevaba cámara de fotos, demasiado peso en la bolsa.

Cuando le preguntamos qué recuerdos tendría del viaje si no, respondió que prefería guardarlo todo en su cabeza, que tenía buena memoria visual.

Tras mucho pensarlo, concluímos que Anodino Man iba a Londres a la revisión de los 6 meses, a cambiarse algún circuito, algún dedo biónico o los receptores visuales, porque cuando volvió ya no usaba gafas y tenía otro color. Cada vez estamos más convencidos de que es un puto cyborg.”

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Impasible

DZ nos cuenta:

“Tengo un amigo con el que estoy trabajando desde hace unos días al que llamaremos Anodino Man. Su superpoder es que todo le resbala.

El primer día le pregunté qué tal se trabajaba allí. Me respondió “bien”, con un tono indiferente. Le pregunté por su trabajo de diseñador gráfico, al que ha accedido tras realizar un curso, y respondió que el diseño gráfico le daba un poco igual.

Días después, tomando un aperitivo, hablamos de música: no escucha música. De viajes: sólo salió este fin de semana a la ciudad de al lado a un boda. De por dónde sale de marcha: la boda, porque si no, no sale.

Contando un chiste con el que nos reímos todos, le pillé sonriendo de medio lado, sonrisa que quitó en cuanto volvió a mirar la pantalla. Ofreciéndole media palmera de chocolate, la rechazó alegando que no le gusta el dulce. Una chica guapa que vino a hacer una visita a la oficina, la saludó amablemente y se fue al servicio (sólo tardó 2 minutos).

Últimamente estoy planteándome seriamente llevarme una aguja para pincharle en el brazo, a ver si sangra.”

A ver si va a ser un cyborg o algo así…