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Vendedores a domicilio

Tengo un amigo que estaba un día esperando el autobús. En la misma tesitura se hallaban unas 7 u 8 personas más. Era de noche, y estaban casi todos cansados y en silencio. Casi todos menos dos jóvenes de en torno a 30 años que hablaban por todo lo que los demás callaban. De hecho, si eras capaz de no oir su conversación o bien eras la persona con mayor capacidad de concentración del mundo, o necesitabas acudir urgentemente al otorrino.

Por lo que pudo entender mi amigo, eran dos vendedores a domicilio que acaban de terminar su jornada sin mucho éxito. Al final no pudo enterarse de que vendían, pero desde luego se merecían no vender nada en su miserable vida. Lo que pudo escuchar mi amigo fue más o menos así:

Vendedor 1: Esto hasta las narices de este puto barrio
Vendedor 2: Ya tío, y yo
V1: Llevo todo el día y no he vendido casi nada
V2: Ya tío, ni yo tampoco
V1: Les llevo unas ofertas cojonudas y no las quiere nadie
V2: Ya tio
V1: Vaya idiotas, ¿se creen que van a encontrar algo mejor?
V2: No se, tio
V1: No se quien coño se creen. Estos paletos se creen alguien sólo por tener un puto ascensor en su casa, pero son todos unos paletos.
V2: Ya tío
V1: Todos me decían lo mismo, que si no me interesa, que si es muy caro. ¡Si es lo mejor que verán es su puta vida!
V2: Si tio, lo mejor que verán estos paletos

Por suerte el autobús llego pronto, o quizás mi amigo habría acabado arrancándole la cabeza a mordiscos. Es que los paletos cabreados tienen poco sentido del humor.

Pastel de “chocolate”

Tengo un amigo que se cambio de empresa, y unos pocos meses más tarde, otro compañero suyo decidió hacer también un cambio de aires.

Como era tradición, el último día trajo algo de comer para invitar a sus próximamente ex-compañeros y despedirse en condiciones de todos. Y para avisar a sus allegados envió un email que, por vaya a saber que despiste, llegó a mi amigo, que ya hacía meses que trabajaba en otro lado.

El email decía algo así (a grandes rasgos):

Como ya sabéis me voy de la empresa, y os quiero invitar a algo de picoteo como despedida. Podéis ir a las HH en el lugar LL. Habrá pastel de chocolate.”

Mi amigo en un alarde de gamberrismo no se le ocurrió otra cosa que responder a todos con un escueto:

Para pastel de chocolate este

Donde este era un enlace a una “bonita” foto de un hombre “descomiendo”.

Lo mejor es que el email había sido enviado a un montón de gente, incluyendo gerentes y jefes de proyecto. Supongo que mi amigo no tenía pensado volver en un cierto tiempo por esa empresa…

Lo tienes muy NEGRO

Alex nos cuenta:

“Recuerdo en la época de del instituto, teníamos un compañero mulato y algo marginadillo, que se dedicaba a distraerse como podía y a decir cosas como, Pene, Vagina… y echar lapos por la espalda a las tías.
Había un profesor novato y bastante pringaete que le pillo haciendo de las suyas y le pegó un discurso en plan filosófico, que si así no vas a llegar a ninguna parte etc etc, pero que acabo de manera poco afortunada al decirle, tio, lo tienes muuuy NEGRO para aprobar.
Toda la clase comenzamos a descojonarnos y el profe viendo el panorama se pone a pedir disculpas.
Que gran día.”

Suspendido?

Juguemos a los rumores.

Tengo un amigo que me contó el rumor más extendido del Centro Politécnico de Zaragoza. Resulta que cierta profesora del área de matemática aplicada puso un exámen (hasta aquí todo normal). Las notas salieron, y todos los alumnos fueron a ver sus suspensos, menos 2 o 3 (de unos 300 o más) que aprobaron. Y entre esos suspensos, muchos pidieron revisión de exámen, pero una de ellas fue especial. Al llegar al despacho de la profesora, un alumno vió su exámen sin nota, sólo las 4 esquinas del exámen marcadas con boli rojo.

Mi amigo revisó el exámen y, al no ver anotaciones, pidió que se lo corrigiesen, que parecía que se les había olvidado.

La profesora miró su exámen y dijo: “Si corregido está!”

El alumno preguntó: “Y la nota?”

La profesora hizó un “chafún” con su gran frase: “Mira, ves las esquinas marcadas? Es que tienes un cero tan grande que no me cabía en el folio.”

Haciendo amigos…

La dulce venganza

Tengo un amigo que tenía un profesor en la universidad que tenía fama de ser un tanto “blando”. Vamos, que no se imponía demasiado en las clases. Un año le estuvieron molestando un par de grupos de alumnos, interrumpiendo constantemente las clases con ruidos molestos. Cuando el profesor les pedía que pararan, al rato volvían con redoblado énfasis.

A pesar de todo, siguió dando clase. Al final llegaron los exámenes del primer cuatrimestre y con ellos lo que se temían los alumnos que no estaban involucrados en las molestias contínuas, los que tenían un poco de cabeza, vaya. Llegó el momento de la venganza.

En el examen de ese parcial puso como temas estrella los que dio los días que más le tocaron las narices en clase, junto con los más complicados, sin contar con que corrigió con gran dureza. El resultado fue un 70% de suspendidos, porcentaje ilustrado debajo del listado de notas con un bonito gráfico de tarta.

El siguiente cuatrimestre no le molestaron tanto.

La jungla de cristal

DZ nos cuenta:

“Tengo un amigo que estuvo hace unos días en una boda. Tras la comida y el baile, entabló conversación con una chica que todos debían conocer menos él.

El caso es que acabó saliendo del recinto de la boda “discretamente” con ella, y se fueron a su casa. Una vez allí, y debido únicamente a los calores de esta época del año, empezaron a quitarse ropa hasta quedarse casi sin nada.

Cuál fue la sorpresa de mi amigo cuando descubrió que la chica escondía bajo su tanga un microcosmos, una selva tropical repleta de animales salvajes que campaban a sus anchas entre frondoso pelaje de sus partes inferiores. O al menos eso le debió parecer a mi amigo, porque de la impresión se quedó atónito: jamás había visto una cosa igual.

Pero no se arredró y valientemente intentó ejecutar el acto de apareamiento con ella, aunque no pudo llegar a consumar porque en su imaginación sentía que, entre espasmos pélvicos, estaba acabando con varias especies autóctonas, exclusivas del pequeño ecosistema de la chica. Eso, y la pasividad tipo “hazme tuya, que yo me quedo quieta” de ella.

Lo malo no es esta historia. Lo malo es que parece que triunfó, y ahora a mi amigo le mandan recaditos el resto de invitados de la boda del tipo “yo lo pasé bien, pero tú más, ¿eh pillín?”. Desde entonces, mi amigo está replanteándose ser más selectivo con sus parejas ocasionales, y sustituir los preservativos por cuchillas y espuma, por si acaso.”

Unas largas vacaciones

Tengo un amigo que en su primer trabajo le tocó hacer programas para móviles. El equipo de trabajo consistía en un jefe de proyectos y él.  Mi amigo era becario y estaba aprendiendo como funcionaban los programas que desarrollaban.

Todo iba bien hasta el verano, tenían unos cuantos proyectos en marcha, y el jefe de proyectos había dejado otros a medio acabar. Le dijo que ya le contaría cuando volviera de vacaciones. Cuando volviera…

A los pocos días llamó a la oficina para decirles que no iba a volver. Había encontrado un trabajo nuevo y ya no iba a pasar por la oficina ni para recoger sus cosas.

En definitiva: jamás le volvió a ver, y mi amigo se traguó una tremenda cantidad de marrones a medio acabar (¡y que no sabía como funcionaban!).

Herramientas para el futuro

Tenía un compañero de trabajo que cuando se iba a ir de la empresa, le regalamos unas rodilleras “para que le fuera más fácil y llevadero renegociar su contrato y conseguir ascensos”. Un poco cabroncetes si que éramos, jeje. Aunque, bueno, al tío le encantaron.