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¿Frenos? ¿Quien los necesita?

Tengo un amigo que sufrió una de las cosas más angustiosas que te pueden pasar mientras conduces: quedarte sin frenos.

Estaba en el pueblo de vacaciones y su padre se puso malo de un cólico de riñón, así que fueron al hospital. Mi amigo se pudo a conducir el coche de su padre para ir al hospital de la capital. Después de 10 minutos de marcha por la carretera, llegando a una curva cerrada, fue a pisar el freno, ¡y no iba!

El pedal entraba hasta el fondo con pisarlo un poco y el coche no parecía disminuir su velocidad. Pasado el susto fue recuperando la calma y reduciendo marchas y velocidad, pero la carretera entre pueblos no era ni mucho menos lisa, y las cuestas abajo asustaban bastante.

A duras penas pudieron detenerse en una gasolinera y entonces descubrieron lo que había pasado: el padre de mi amigo había ajustado el freno de mano, que antes iba muy suelto, y estaba ligerísimamente echado, de tal forma que después de 10 minutos circulando se calentó lo suficiente para dejar de funcionar, pero no se notaba ningún ruido ni disminución de velocidad ni nada. Por si fuera poco, el piloto del salpicadero de “ojo, freno de mano echado” no funcionaba. Una trampa perfecta para incautos.

Ahora mi amigo tiene un coche con freno de mano automático ,que se quita solo al pisar el acelerador 🙂

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Precaución Amigo Conductor

Tengo un amigo en la empresa que hace unos cuantos sábados tenía que coger un avión. Entre unas cosas y otras parece que se le hizo tarde y, acompañado de su novia, se dispusieron a hacer todo lo posible por no perder el avión.  

 Según me contó, la policía les cazó a 184kms/h y le hicieron detener el coche. Ahora se va a quedar un mes y medio sin poder conducir. Además, perdió el avión. 

 Lo mejor fue cuando me dijo: “Pues menos mal que no me cazaron un poco antes cuando iba a 230kms/h”.   Será mi amigo , pero no quiero cruzármelo en la carretera. Ni a él, ni a nadie como él.  

Por la boca muere… el impaciente

Tengo un amigo que, estando en el saturado parking de un centro comercial con su padre al volante, se quedó completamente atascado por culpa de un coche dos puestos más adelante. No podían ir ni para adelante ni para detrás hasta que el otro se apartara.

Un conductor un poco más atrás perdió los nervios y empezó primero a pitar, y luego a increpar al coche de mi amigo, porque era de los atascados el primero que se veía.

El padre de mi amigo que paciencia tiene la justa, salió del coche a que le dijeran esas cosas tan bonitas a la cara. El conductor ofuscado se calmó de golpe y se asustó un poco al ver al padre de mi amigo salir con firmeza, aunque sin demasiado enfado.

Y en vez de pedir perdón no se le ocurrió otra cosa más que decir:
– No, si no lo decía por ti… Lo decía por el gilipollas que llevas detrás.

El tipo creía que “el gilipollas de detrás” no le iba a oir, pero no fue así. El aludido salió bastante cabreado mientras el padre de mi amigo se metía divertido de vuelta al coche, ante la escena del hombre sin paciencia blanco como la cal, y el “gilipollas” rojo como un tomate.

Apenas un minuto después se desbloqueó la salida del parking, y mientas mi amigo salía hacia la libertad, los otros dos seguían enzarzados en una agria discusión.

Con “L” de “leñazo”

Tengo un amigo que cuando se estaba sacando el carnet de conducir conoció el que puede ser el “Récord del Mundo en Destrucción de Coche Nada Más Sacarse el Carnet” o, mucho más conocido por sus siglas, RMDCNMS.

El caballero consiguió empotrarse contra un pilón de acero de los que ponen para que no aparquen, el día antes de que le entregaran el carnet en mano. No se sabe como se las apañó, pero consiguió un siniestro total con el piñazo (debió destrozar el motor). ¡Todo un récord!

Moraleja: cuando te sacas el carnet AÚN no sabes conducir y hay que ir con cuidadín…

tranquilos, que no se ha roto nada

Tengo un amigo cuyo padre operaron recientemente. Por fin salió su padre del hospital y le fue a buscar para llevarlo a casa. Para ello tenía que mal aparcar en una zona con mucho tráfico al lado del hospital (para subirlo sin que andara mucho) en plena hora punta. El caso es que entre el cansancio del trabajo del día, y los nervios al mal aparcar, estaba un poco despistado.

Cuando salió ya con su padre “cargado” fue a tirar por donde siempre iba a buscar sitio para aparcar, en vez de ir directamente a casa, error que detectó unos 0.5 segundos demasiado tarde. El tiempo justo como para que al girar para meterse en la dirección adecuada subiera un poco el neumático por encima del bordillo.

Se oyó un fuerte ruido, pero como el coche parecía seguir entero, mi amigo no se inmutó y continuó después de pronunciar un “tranquilos, que no se ha roto nada”. Ya eso creía. 200 metros después el coche vibraba violentamente. Al detenerse pudo comprobar que había reventado la rueda que subió por el bordillo…

La escena siguiente fue el desalojo del coche, padre recién operado incluido, mientras este le gritaba a mi amigo como cambiar la rueda, ¡y se arrastraba por el suelo para mostrarle donde situar el gato! Lo que no sabe aún es como no se le saltó algún punto…

Moraleja: ojo a los bordillos, que las ruedas se revientan más fácilmente de lo que creemos. ¡Y aprende a usar el gato antes de necesitarlo de verdad!