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Encuentro terrorífico

Tengo un amigo que fue martirizado en el trabajo por Hombre-pez. No hacía lo que le decía, hacía las cosas al revés, se ponía a jugar con tazos, insultaba su trabajo, destruía más que ayudaba, no tenía ni idea, etc, etc. Al final, como es natural en una empresa que aún no se ha ido al garete, le despidieron. Y mi amigo fue feliz un tiempo sin tener que aguantar a semejante personaje.

Pero un día de verano, yendo a su nuevo trabajo en una oficina del centro de su ciudad, vio unos metros más adelante una figura con un halo oscuro, sin cuello y caminando de forma extraña. Un terror helado y paralizante envolvió a mi amigo. No podía ser, sólo había un ser como ese, ¡era hombre pez! Y encima iba en la misma dirección.

Llegando a un semáforo mi amigo decidió dar un rodeo, porque si no llegaría a alcanzarle (los pies-aletas de hombre pez no le permiten andar a gran velocidad), y tampoco podía demorarse mucho porque si no llegaría tarde a su trabajo.

Por fin relajación, ya lo había perdido de vista. Pero al ir a cruzar la calle para llegar por fin a su trabajo, ¡ahí estaba él! Mi amigo había previsto la ruta de hombre-pez pensando en una ruta lógica, pero se equivocó. Por suerte el personaje se fue antes de que el semáforo se pusiera verde y por fin mi amigo pudo descansar. Pero el terror de las lúgubres imágenes del pasado ya no le abandonó el resto del día.

Extra: ¿Aún te preguntas como son los habitantes de las novelas de H. P. Lovecraft con quien siempre comparo a este personaje? He aquí un par de imágenes ilustrativas:

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Despedida por todo lo alto

La despedida de la empresa de hombre-pez fué digna de su trayectoria: cuando le dijeron que estaba despedido, básicamente por incompetente, no se le ocurrió nada mejor que ¡¡pedir una carta de recomendación!!

Lo más impresionante es que en un par de semanas consiguió un nuevo empleo (fue antes de la crisis). Nos enteramos porque uno de mis compañeros recibió una carta suya en la que le preguntaba algo como:

“Hola.  Me han contratado en la empresa Suicidas S.A. ¿Sabes como funciona el programa X? Es que en mi nueva empresa todos los demás usan el programa Y, pero a mi me gusta más el X  y no consigo hacer que funcione.”

Resulta aún más increíble si se tiene en cuenta que el programa X es el que estuvo utilizando durante los 6 meses que duró en la empresa…

PD: Para el curioso, el programa X era JDeveloper y el programa Y era Eclipse, ambos IDEs de Java.

Tener claras las prioridades

Las historias de h0mbre-pez son sórdidas y “apasionantes”.

Uno de sus últimos trabajos antes de que le despidieran (un final anunciado), consitó en hacer unas pocas modificaciones a un programa. El programa era sencillo: tenía una parte que funcionaba bien, y otra parte que había que modificar, que dependía de la otra. Tarea facil, pensó su jefe. Y se equivocó.

El programa tenía que estar una semana después, y el día de antes, ¡seguía intentando entender que hacía el programa! 6 días encima mirando la parte que no tenía que mirar, porque ya funcionaba, la que había que arreglar ni siquiera sabía donde estaba.

3 semanas después el programa aún no estaba listo. Al poco tiempo le despidieron de la empresa, y a raíz de esto también acabaron despidiendo a su jefe por no haber hecho el trabajo a tiempo. Quién le iba a decir que algo tan sencillo duraría tanto.

Pero no se aflijan, hombre-pez es capaz de continuar sus aventuras incluso fuera de la empresa. Pero eso ya lo contaré en otro momento.

Los tazos no pasan de moda en Innsmouth

Estaba un día trabajando en un proyecto con dos compañeros que estaban en las mesas vecinas a hombre-pez. Uno de ellos tiene una hija que entonces tendría unos 3 años. En un momento dado notó algo raro y se echó la mano al bolsillo.

– Anda, mira, un tazo de esos, de las patatas que se comió el otro día mi hija. Joder, que feos los hacen ahora con los pokemon estos.

En ese momento hombre-pez dirigió sus fríos ojos hacia el redondo, para después decir:

– Oh, este no lo tengo

Dicho lo cual se sacó un par del bolsillo, cogió el de mi compañero y se puso a jugar con ellos y comparar los pokemon que salían.

La cara de tontos que se nos quedó, es indescriptible.

¿Es un pájaro? ¿Un avión? ¡No! ¡Es hombre-pez!

Hombre-pez se hizo famoso entre los usuarios del autobús que nos llevaba a la oficina desde el día que se le ocurrió levantarse antes de que el conductor frenara. Por si no era suficiente desafío, también pensó que eso de agarrarse es para los cobardes.

El resultado fue el imaginado: cuando el conductor frenó, el infortunado salió volando un par de metros y aterrizó básicamente de bruces. 10 puntos en una olimpiada de trompazos.

private static void sesera;

Advertencia: chascarrillo aburrido para el que no sepa nada de Java.

Me viene a la cabeza otra historia de hombre-pez. Este ser estaba contratado de programador junior en Java. Un día le pasé un método estático que resolvía un problema que tenía.
– No funciona, me salen errores – dijo hombre-pez
– Claro, es que accedes a una variable que no es estática. Simplemente, hazla estática, ya que solo se usa aquí – le respondí
– Vale – zanjó él

A las 3 horas le pregunté como le había ido. Y esto me respondió:
– Después de media hora intentándolo lo he dejado. Es que siempre me confundo entre “static” y “private” y no se hacerlo.

¡Pa matarlo!

Estruendos en la terraza

Tenía un compañero de trabajo sobre el que se podría hacer un blog completo y no faltarían artículos. En honor a las novelas de H.P. Lovecraft voy a llamar a este individuo de ahora en adelante “hombre-pez”: tiene la piel grisácea, anda encorvado, apenas habla y cuando lo hace lo hace raro, mirarle a los ojos es como mirar a un pozo sin fondo y nunca estás seguro de si te ha comprendido lo que le has dicho. Vamos, que parece que haya nacido en Innsmouth.

El caso es que este sujeto un día y sin previo aviso decidió salir a almorzar a la terraza con el grupo que salía yo. Como somos gente amistosa, no le dijimos nada y amablemente dejamos que se nos uniera. Un rato después estábamos los 10 ó 12 que solíamos salir juntos hablando a la vez a buena voz. Tanta gente hablando a la vez suele producir bastante barullo. Pero de golpe, todos nos quedamos mudos al escuchar un sonido atronador: ¡¡la atronadora ventosidad que tiró hombre-pez!!

Todos los demás nos quedamos mirando entre nosotros como para leer en el estupor de los demás rostros que, si, efectivamente, había sucedido lo que creíamos. Hombre-pez ni se perturbó y siguió como si nada, casi extrañado por el repentino silencio. De hecho, siguió saliendo con nosotros a almorzar como si ese suceso o no hubiera sucedido, o fuera lo más normal del mundo.

Moraleja: Nunca te fíes de los discípulos de la orden de Dagón.