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Soportando a Mr. NoMais (VI)

Tras el toque de atención Mr. NoMais se ha aplicado bastante, aunque es más lento que un caracol en sus tareas. No obstante, el chaval le pone ganas y empeño, pero es humano (lo demostramos el otro día), y tarde o temprano la tenía que cagar, y por ello, tocarnos la moral hasta el punto de querer matarle.

Esta vez yo estaba en reunión con  Mr. Pompier para hacer el análisis de mi proyecto, así que ChiniMorris se quedó a solas con Mr. NoMais. Y es la semana de support de Mr. NoMais, ergo, debacle. Llega una petición de asignación de permisos a un usuario y Mr. NoMais no consigue encontrar al usuario y, como es habitual en él, pregunta a ChiniMorris qué hacer. Ésta le responde y comienza la fiesta:

Mr. NoMais: No Pero (típico) el usuario no existe, así que yo me desentiendo y que lo hagan los de arriba.

ChiniMorris: Esto…yo estoy segura de que el usuario existe, lo estoy viendo aquí mismo.

Mr. NoMais: No Pero (…) te aseguro que no existe (uy, comienza a ponerse nervioso, la presión le puede, va a explotar).

ChiniMorris: Mira Mr. NoMais, que lo estoy viendo. El usuario existe, sólo tienes que darle permisos.

Mr. NoMais (gritando): Mira, que te digo que no y es que no. No me ocupo de esto, el usuario no existe, vale ya de joderme!

ChiniMorris no acepta que le griten (es una feminazi de armas tomar, y nadie se le ríe gratuitamente); así que va al puesto de Mr. NoMais.

ChiniMorris: Mira, canelo, estás en el servidor de tests…y esto tienes que hacerlo en producción!

Justo en ese momento yo termino mi reunión y voy a la sala, pero ChiniMorris sale cabreada a contarme la historia y a despotricar un poco; eso le ha relajado…

No veo el día que APM haga un sketch de Mr. NoMais.

Pero parecía un búfalo?

Tengo un amigo que hizo un viaje de 3 horas en mini-autocar, con su hermana y su novia. Su hermana se sentó en la última fila con los bártulos, y él se sentó en la fila de delante con la novia.

En una de las paradas entró una señora de unos cuarenta y tantos, y de complexión fuerte. Tardó menos de cinco minutos en quedarse dormida y roncar.

Casi al final del viaje se despertó, e intentó hablar con la hermana de mi amigo, la cuál pasaba automáticamente de la de los ronquidos, pero la mujer insistía.

Ronquiditos: ‘Perdona, me he quedado dormida?’

La hermana al final, tras tanta insistencia, dijo que SI. Pero la mujer siguió.

Ronquiditos: ‘Y he roncado verdad?’

Ahí, la hermana de mi amigo, por respeto, se cayó y no dijo nada. Pero Ronquiditos no paraba de preguntar, hasta que a mi amigo se le hinchó la vena y respondió:

Mi amigo: ‘Si señora, usted se ha dormido y ha roncado’.

Ronquiditos: ‘Pero mucho?’

Mi amigo: ‘Si, mucho’.

Ronquiditos: ‘Pero, he roncado fuerte?’

Mi amigo: ‘Si señora, ronca usted muy bien y muy fuerte’.

Mi amigo comenzaba ya a desesperarse ante una conversación tan inútil, y esto implica que no suela ser diplomático, incluso siendo un borde y bastante agresivo.

Ronquiditos: ‘Pero tú dirías que parecía un búfalo?’

Mi amigo: ‘Mire señora, como no se calle de una puñetera vez, lo que va a parecer es una pesada, cállese ya coñe!’

Ronquiditos se lo tomó bastante a pecho, y tras llamar a mi amigo ‘borde sin sentimientos’ se calló.

Pero parecía un búfalo? (No sé a qué tipo de persona se le puede ocurrir una pregunta así).

Seguro que ha tenido la culpa

Un comentarista de este “vloj” afirmaba el otro día que para ser profesor de lengua había que estar un poco mal de la cabeza. ¡Y no iba muy desencaminado!

Tengo un amigo que después de profesor “Hulk” de lengua tuvo a uno paranoico. Sus dos características eran el descomunal “bosque” que asomaba por sus orejas (nunca pensó mi amigo que esos pelos pudieran ser tan tupidos ni medir tanto), y que le tenía una inquina y una manía tremenda e injustificada por uno de mis compañeros.

Un día hubo un altercado justo antes de la clase de lengua, y nada más entrar por la puerta, lo primero que espetó el profesor al alumno objeto de sus obsesiones fue:
– Ya me he enterado de lo que ha pasado, seguro que has sido tu

Todos los compañeros sabíamos que habían sido alumnos de otra clase y que este pobre chaval no había intervenido, porque estaba en el recreo con nosotros. Pero ni con esas, este hombre era digno rival de “Don Erre que Erre”, pero sin tener un fin claro ni justo.

Después de más de 10 minutos de discusión en el que intentamos explicarle al obseso profesor quienes habían sido los implicados y que nuestro compañero no había tenido nada que ver. Concluyó:

– Bueno, pero seguro que algo ha tenido que ver…

Yo creo que ese hombre todavía piensa, cuando ve alguna noticia de un atraco por la tele:

– Seguro que mi antiguo alumno tiene algo que ver. Seguro.