Archive for the ‘profesores’ Tag

Pequeño delincuente

Tengo un amigo que ya en parbulitos era conocido como el terror del recreo.

La madre de este simpático chaval le preparaba algún tipo de tentempié (bocata) para que, ya en parbulitos, se criáse grandote y fuerte. Un día, el nene llegó a casa llorando diciendo que un niño más pequeñajo le había robado el bocata en el recreo.

La madre, tras una zurra en el culo, le dijo: «mañana te vuelvo a hacer otro bocata, y como te lo quiten, la zurra irá a la cara, y no te volveré a hacer otro bocata nunca más». Esto, le impactó al tío.

Al día siguiente la operación se repitió, y el mismo chaval vino a por el bocata. Mi amigo, le dió un mamporrazo que lo dejó fino, y fue llorando a «la profe» para quejarse. Mi amigo fue castigado, y la profe llamó a su madre para contarle lo acontecido.

Al llegar la madre, la profe le explicó lo sucedido y la madre le contestó, gritando: «Y usted dónde estaba cuando ayer le robaron el bocata? Pues visto que usted no le va a ayudar, mi hijo se vale él sólo para imponerse. Prefiero que se imponga, a que le tomen por el pito del sereno, visto que usted no hace nada por remediarlo. Además, le amenacé con pegarle una buena zurra si le volvía a pasar». La profe se quedó blanca…

La profe alegó que la violencia no es el medio de resolver las cosas, pero es cierto que desde aquel día, el landronzuelo no tuvo narices de robarle nunca más la hogaza de pan a mi amigo.

La dulce venganza

Tengo un amigo que tenía un profesor en la universidad que tenía fama de ser un tanto «blando». Vamos, que no se imponía demasiado en las clases. Un año le estuvieron molestando un par de grupos de alumnos, interrumpiendo constantemente las clases con ruidos molestos. Cuando el profesor les pedía que pararan, al rato volvían con redoblado énfasis.

A pesar de todo, siguió dando clase. Al final llegaron los exámenes del primer cuatrimestre y con ellos lo que se temían los alumnos que no estaban involucrados en las molestias contínuas, los que tenían un poco de cabeza, vaya. Llegó el momento de la venganza.

En el examen de ese parcial puso como temas estrella los que dio los días que más le tocaron las narices en clase, junto con los más complicados, sin contar con que corrigió con gran dureza. El resultado fue un 70% de suspendidos, porcentaje ilustrado debajo del listado de notas con un bonito gráfico de tarta.

El siguiente cuatrimestre no le molestaron tanto.

Las integrales están sobrevaloradas

Tengo un amigo que tenía otro profesor de matemáticas que seguramente sabría mucho, pero era totalmente incapaz de comunicar ese saber a sus alumnas. Encima ese año le tocó de tutor. Las tutorías ese año siguieron el mismo esquema:

– Hoy es día de tutoría. (silencio incómodo) ¿Tenemos que hablar de algo? (otro silencio más incómodo si cabe) Pues vamos a hacer ejercicios de matemáticas (suspiro de lamento general)

Pero a pesar de tanto ejercicio y tanta divagación matemática incomprensible con las que «deleitó» a sus alumnos, se terminó el curso de 2º de bachillerato y no le dio tiempo a dar las integrales. Pero era un hombre de recursos y tenía un «plan infalible»:

– Cuando os den el examen, miráis los dos modelos, y elegís el que no tenga integrales.

¡Fenomenal! Con eso ya sus alumnos podrían enfrentarse a los primeros cursos de cualquier ingeniería sin temor. Total, las integrales están sobrevaloradas, ¡si a él le resultaban muy sencillas después de su vida de profesor de matemáticas!.

Por si fuera poco, ese año el examen de selectividad tuvo integrales en los dos modelos.

La importancia de la primera impresión

Tengo un amigo que tenía un profesor en el instituto que no debía darle demasiada importancia a «la primera impresión». Si no, no se explica su aspecto, pues el mote que sus «simpáticos» alumnos le pusieron era el que el 90% de la gente pensaba nada más verle:

«El cara-polla»

Parece rebuscado, parece cruel, pero según mi amigo, la primera vez que le vio entrar en clase lo primero que pensó fue: «este tiene que ser el cara-polla»

Por lo menos su cara es difícil de olvidar 😀

Cuando X tiende a… ¡destrucción!

Tengo un amigo que tenía un profesor de matemáticas al que Cartman de Southpark calificaría de «fuertecito». El hombre no era mal profesor y le gustaba enseñar las cosas de forma sencilla y visual.

Un día empezó a explicar los límites de funciones:

– Un límite cuando «x» tiende a un valor es como si yo me acerco a esta pared: puedo acercarme todo lo que pueda a la pared pero no puedo llegar a ser la pared.

Por los golpes que le dio a la pared y como temblaba la pizarra con cada impacto, más de uno llegó a pensar que si que lo conseguiría.

Tranquilos, sólo es ácido

Mi antiguo profesor de química era duro de verdad. Eso o suicida, pero dado que llegó a una cierta edad, presupondré que lo primero.

Un día nos llevó al laboratorio a hacer unas prácticas. Después de unas cuantas demostraciones menores llegó el plato fuerte:

– Bueno, ahora vais a ver que pasa si se echa una moneda de cobre en una disolución de ácido nítrico concentrada. Voy a hacer una disolución del 70% — (o algo así, que no me acuerdo bien del porcentaje)

Acto seguido vertió cuidadosamente la cantidad de ácido precisa en un tubo de ensayo, añadió agua y, ¡¡lo tapó con el dedo gordo y lo agitó!!

– ¡Profesor, no ponga el dedo, que es ácido! — exclamamos casi al unísono
– ¡Bah! Si lo he hecho muchas veces. El clorhídrico escuece más

Después echamos una moneda en la disolución y se deshizo por completo, a la par que echaba un humo naranja.

– ¿Veis este humo? Pues es muy irritante, de hecho se utiliza como gas lacrimógeno.

De un brinco nos echamos todos para atrás.

– Tampoco es para tanto, sólo lagrimea un poco

La química es para tipos duros

Tenía un profesor de química en el instituto que tenía un aspecto un poco curioso. Era calvete (tampoco nada raro) pero tenía la piel bastante rojiza, como a manchas, y hablaba un poco raro, aunque suponíamos que eso era porque de joven fue boxeador.

Un día mientras nos explicaba el tema de entalpía y energías de reacción (me se ponen los pelos como escarpias de pronunciar esas palabras) nos empezó a contar que su tesis trató sobre eso. No relató que medían la energía consumida en ciertas reacciones químicas, pero que era un trabajo muy duro por los compuestos químicos que se utilizaban:

«Usábamos mucho éter y mercurio en una sala que era como un armario. Casi todos acabaron intoxicados: se les ponía la piel roja y se les caía el pelo y tenían que abandonar el experimento. Menos yo, que fui de los pocos que lo pudo terminar».

Si él «acabó bien», ¿¿como acabarían los demás??

Cretinos todos

Tenía un profesor de biología en el instituto que sabía mucho, pero que a veces era un pelín «seco».

Un día nos estaba explicando la tiroides, y los problemas que se producían por culpa la escasez de yodo en la dieta. Uno de los más graves era el «cretinismo» (de donde procede el famoso insulto).

En cuanto uno de mis compañeros escucho la palabra empezó a reírse con sonoras carcajadas. El profesor puso el semblante serio y le recriminó:

– No es motivo de risa, es una enfermedad muy seria y que afectaba a mucha gente en el interior del país, al no tener acceso al yodo.

Esto no solo no consiguió aplacar la risa, si no que produjo que a mi compañero le diera un tremendísimo ataque de risa. Lo único audible que consiguió decir entre carcajadas fue: «eran todos cretinos en el interior».

Mi profesor se puso cada vez más enfadado hasta que echó de clase a mi compañero, que casi no pudo salir por las tremendas carcajadas y los lagrimones que le caían. Y aún tardó casi 10 minutos en parar de reírse.