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Excursión nocturna

Tengo un amigo que se fue de excursión con su novia todo un fin de semana a algún rincón perdido del mundo. Iban provistos de mapas, buen calzado y demás, pero no contaron con que allí la noche caía antes.

Hicieron una buena excursión alternando montaña y pueblos, pero llegado el momento de volver, a mitad de camino, la noche cayó. Se encontraban en un camino y no tenían muy claro (porque no veían nada) por dónde ir.

Consiguieron llegar a una carretera principal, y decidieron llamar a la policía para que viniesen a buscarles. Estos vinieron, y tras echarles la bronca, les llevaron hasta el albergue donde se alojaban. Lo mejor es que la policía les recomendó seguir por una ruta sin luces, hacer autostop o andar por el arcén de la carretera…

Erasmus ligón

Tengo un amigo (desde hoy le conoceremos como Hombre-Erasmus) que se fue de Erasmus. 13 días después de llegar, se fue de fiesta con la gente de su residencia (colegio mayor) a otra residencia. Se pilló un buen pedo, ligó, y cuando se llevó a la tía a su casa se dió cuenta de que no se sabía el camino de vuelta. Dado que no quiso (no entiendo muy bien porqué) coger un taxi, fue dando rodeos hasta que encontró el camino, asegurando en todo momento a la pobre chavala que sabía lo que hacía…

¡Taxiiii!

Un compañero de la universidad tenía (bueno, supongo que seguirá teniendo) unos amigos un tanto brutos. Jugadores de rugby de 1.90m de estatura imponen respeto, y sin van extremadamente cocidos más.

El caso es que estos “dulces angelitos” estaban repletos de alcohol (que ya es alcohol) y decidieron coger un taxi. ¿Como lo hicieron? A su estilo, por supuesto: se plantaron en medio de la carretera y dieron al alto a un taxi con voz turbia por el alcohol, se subieron tambaleantes y balbucieron la dirección de sus casas antes de echar un reparador sueñecito en el cómodo asiento trasero del vehículo.

¿Cual era entonces el problema? El problema es que el coche NO era un taxi. Es más, ni siquiera era blanco, era un coche rojo de un pobre hombre que venía de trabajar a esas horas y prefirió llevar a semejantes carnuces por si las moscas…

Moraleja: por la noche llevad siempre los seguros echados 😉