La jungla de cristal

DZ nos cuenta:

“Tengo un amigo que estuvo hace unos días en una boda. Tras la comida y el baile, entabló conversación con una chica que todos debían conocer menos él.

El caso es que acabó saliendo del recinto de la boda “discretamente” con ella, y se fueron a su casa. Una vez allí, y debido únicamente a los calores de esta época del año, empezaron a quitarse ropa hasta quedarse casi sin nada.

Cuál fue la sorpresa de mi amigo cuando descubrió que la chica escondía bajo su tanga un microcosmos, una selva tropical repleta de animales salvajes que campaban a sus anchas entre frondoso pelaje de sus partes inferiores. O al menos eso le debió parecer a mi amigo, porque de la impresión se quedó atónito: jamás había visto una cosa igual.

Pero no se arredró y valientemente intentó ejecutar el acto de apareamiento con ella, aunque no pudo llegar a consumar porque en su imaginación sentía que, entre espasmos pélvicos, estaba acabando con varias especies autóctonas, exclusivas del pequeño ecosistema de la chica. Eso, y la pasividad tipo “hazme tuya, que yo me quedo quieta” de ella.

Lo malo no es esta historia. Lo malo es que parece que triunfó, y ahora a mi amigo le mandan recaditos el resto de invitados de la boda del tipo “yo lo pasé bien, pero tú más, ¿eh pillín?”. Desde entonces, mi amigo está replanteándose ser más selectivo con sus parejas ocasionales, y sustituir los preservativos por cuchillas y espuma, por si acaso.”

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